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La publicidad farmacéutica y comparar medicamentos

Los medicamentos no son un producto más. No son comparables a productos como la cosmética, los alimentos o la moda pero, sin embargo, comparten espacio publicitario con ellos en televisión, prensa o radio. Un anuncio de Gelocatil o AfterBite puede aparecer junto al perfume de moda o la bebida del verano y los esquemas son los mismos para todos: el fármaco, al igual que el resto de productos, se publicita de manera atractiva e ingeniosa para que ése, y no otro, quizás más económico, llame nuestra atención. Comparar medicamentos se vuelve esencial en ese entorno.

Gracias a la publicidad, todos asociamos medicamentos de laboratorios específicos al remedio de una dolencia o enfermedad. Es más, el consumidor, de tanto ver en televisión que, por poner un ejemplo, Aspirina resuelve los dolores de cabeza y musculares casi de manera milagrosa, tiende a asumir que ése es el fármaco ideal en esa circunstancias. Ni siquiera nos planteamos que existen otros, igual de eficaces pero con menos publicidad, que funcionan estupendamente.

Aunque sabemos que la publicidad tiende a ser ‘engañosa’ o, por lo menos, muy subjetiva, en el caso de la medicina, deberíamos tener especial cuidado con el impacto que tiene sobre nosotros. ¿Por qué? Muy sencillo: porque cuando algo nos duele o nos molesta queremos un remedio inmediato y no pensamos demasiado en los pros y los contras de cada fármaco. Buscamos la solución más rápida y, lógicamente, la primera que acude a nuestra cabeza es aquella que vemos unas tres o cuatro veces diarias en televisión.

De esta manera, cuando nos sentimos resfriados acudimos sin pensarlo dos veces a Frenadol y cuando tenemos dolor muscular, echamos mano de Calmatel o Voltaren. Lo mismo ocurre, como decíamos, con los dolores de cabeza cuando acudimos a Gelocatil o Aspirina o, cuando nos duele la garganta y compramos un bote de Lizipaina. Los ejemplos de medicamentos que aparecen cada dos por tres en televisión son interminables: Flutox, Termalgin, Couldina, Dormidina, Alli, …

Con esto, no pretendemos que renuncies a los medicamentos marca. Simplemente, queremos que, de ahora en adelante, antes de comprar veas que es importante:

Comparar Medicamentos:

A veces dos medicamentos tienen la misma composición pero uno te parecerá más fiable que otro porque su nombre ‘te suena más’. Como, seguramente, se deba a que aparece en televisión o prensa, pregunta a tu farmacéutico de confianza (o a PharmaHero). Seguro que consigues ahorrar unos euros si consigues comparar medicamentos.

imagen jarabe

No automedicarte:

Aunque conozcas un fármaco y sus indicaciones no deberías automedicarte. Si, por ejemplo, tienes problemas para dormir, es recomendable que acudas al médico antes de decidirte a tomar Dormidina o algún fármaco similar. Que salga en televisión, no le hace menos fármaco y deberías consultar para ver qué tratamiento se adecua a tu estado.

Leer también: “Qué es la automedicación y qué peligros tiene”

Contemplar otras opciones:

La medicina alternativa y las soluciones de parafarmacia no son tan populares como los fármacos tradicionales. En algunas ocasiones, son una buena alternativa, mucho menos invasiva, que da muy buenos resultados. Por ejemplo: si tras practicar deporte la espalda te duele o molesta, en lugar de aplicar un calmante muscular, prueba un remedio natural como los emplastos de rábano o pasiflora. Seguro que ahorrarás y tu cuerpo te lo agradecerá.

Como ves, escoger el medicamento que más te conviene (por precio o por características) siempre está al alcance de tu mano. Si necesitas ayuda, consulta con tu especialista de confianza, que te ayudará a determinar si realmente necesitas un medicamento u otro.

Redactora de lifestyle y salud para PharmaHero. También escribo habitualmente sobre cultura, lifestyle y cine para Noir Mag, Código Nuevo y La Tribu de Frida.